Se trata de compartir. Para cultivar tus propias hortalizas y verduras ya no es necesario ni vivir en el campo ni disfrutar de un jardín como Michelle Obama. Bajo la filosofía "Tú cultivas, yo te dejo la tierra", se ha implantado una iniciativa en Internet,huertoscompartidos.com, que pone en contacto a quienes desean tener su propio huerto, pero no tienen terreno, con aquellas personas o entidades que poseen parcelas en desuso y las quieren ceder a cambio de compartir las cosechas.
La idea no solo empodera el trueque. Va un poco más allá. Enfoca dos realidades mucho más poderosas: que existen acciones en las que todos ganan e ideas que albergan la capacidad de mejorar y cambiar el mundo, sin mediar inversiones o litigios.
Lo local se convierte en global (y hasta en universal). Aunque soy consciente, como apunta muy atinadamente el ensayista Nassim Nicholas Taleb, que “no puedes predecir qué o quién cambiará el mundo”, creo no solo en el poder de lo altamente improbable (léase cisnes negros), sino también en la existencia de las terceras alternativas y, sobre todo, en esas personas y colectivos que luchan por el bien común y alumbran soluciones que, además de resolver los problemas de unos cuantos, van escribiendo de forma intangible un mañana mejor para la mayoría. ¿Utópico? ¿O solo insólito? En 1.995, Harish Hante, un joven ingeniero consiguió lo que los expertos calificaban como un imposible: el abastecimiento eléctrico para millones de personas pobres en la India, con una tecnología limpia como la solar y prácticamente sin coste alguno. La propuesta de Huertos compartidos, inspirada en el movimiento inglés Landshare sobre agricultura urbana y cofinanciada mediante crowdfunding a través de Goteo, logra también lo que parece una falacia: que uno tenga un huerto sin tener un terreno y, sin invertir ni pagar un euro, pueda alimentarse con productos ecológicos. La idea es tan conocida como exitosa: "Se trata de compartir, de conectar personas y de crear auténticas sinergias entre ellas". Así lo siente y lo cuenta el impulsor y coordinador del proyecto, Santiago Cuerda.
La idea no solo empodera el trueque. Va un poco más allá. Enfoca dos realidades mucho más poderosas: que existen acciones en las que todos ganan e ideas que albergan la capacidad de mejorar y cambiar el mundo, sin mediar inversiones o litigios.
Lo local se convierte en global (y hasta en universal). Aunque soy consciente, como apunta muy atinadamente el ensayista Nassim Nicholas Taleb, que “no puedes predecir qué o quién cambiará el mundo”, creo no solo en el poder de lo altamente improbable (léase cisnes negros), sino también en la existencia de las terceras alternativas y, sobre todo, en esas personas y colectivos que luchan por el bien común y alumbran soluciones que, además de resolver los problemas de unos cuantos, van escribiendo de forma intangible un mañana mejor para la mayoría. ¿Utópico? ¿O solo insólito? En 1.995, Harish Hante, un joven ingeniero consiguió lo que los expertos calificaban como un imposible: el abastecimiento eléctrico para millones de personas pobres en la India, con una tecnología limpia como la solar y prácticamente sin coste alguno. La propuesta de Huertos compartidos, inspirada en el movimiento inglés Landshare sobre agricultura urbana y cofinanciada mediante crowdfunding a través de Goteo, logra también lo que parece una falacia: que uno tenga un huerto sin tener un terreno y, sin invertir ni pagar un euro, pueda alimentarse con productos ecológicos. La idea es tan conocida como exitosa: "Se trata de compartir, de conectar personas y de crear auténticas sinergias entre ellas". Así lo siente y lo cuenta el impulsor y coordinador del proyecto, Santiago Cuerda.
¿Qué propone Huertos Compartidos? Básicamente, es un trueque entre hortelanos (profesionales o aficionados) y propietarios de terrenos. A través de Internet, se pone en contacto a quienes quieren disfrutar de un huerto y cosechar sus propias verduras y hortalizas de forma ecológica, pero no disponen de terreno, con aquellas personas o entidades que tienen parcelas pero no tienen tiempo o ganas para trabajarlas, y están dispuestas a cederlas por la mitad de la cosecha. De este modo, todos ganan. Hay un beneficio mutuo. Pero que nadie se equivoque. La idea no es generar negocio, sino impulsar huertos para el autoconsumo. Conectar y compartir. "No se trata de una actividad comercial", sentencia con firmeza Santiago Cuerda.

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